27.3.14


Hoy me salí antes del trabajo porque pude, porque siento una bola en el esófago y otra en la boca del estómago y porque extrañaba mucho a mi perro. Sí, A MI PERRO. Aunque luego la gente diga: "Ash Gabriela, ¿Cómo a un animal?" Pero pues pobrecitos, seguro nadie los ama y por eso se enojan. 
Y luego me da la cosa esa de no saber dónde estoy ni qué hago y cómo me voy a la casa auxilio, regreso siempre por la ruta más larga, pero es que ya me di cuenta que lo que me angustia es no poder escapar, como en un avión no me podría bajar si quisiera ni en el metro a medio túnel. Cuando el autobús llegó a la base, iba caminando sobre la avenida y había una parada del camión más adelante donde estaba una pareja de novios. Justo cuando yo iba pasando, se levantaron para irse y la muchacha dejó su teléfono ahí. Le grité que se le había olvidado y corrió hacia mi sonriendo, muy agradecida, y me fui. Ojalá alguien hubiera hecho eso cuando perdí mi iPod, que lo que me importaba eran mis fotos y mis notas estúpidas y mis videos, y mi grabación de Lázaro Blanco que va a seguir muerto por toda la eternidad. Ah sí, pero hice eso porque pues es lo correcto, ¿no? No fue esperando que la vida me recompensara ni nada. Me complace más la idea de que paralelamente, la muchacha en algún lugar de la ciudad, está escribiendo: "Hoy casi pierdo mi celular, pero alguien pasó y me lo dio".

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