You are my sunshine my only sunshine
cuando tenía más o menos diez años las tragedias me perseguían. mi
madre, en su afán de distraerme del drama familiar, de vez en cuando me
enviaba a casa de y. a cocoyoc, donde, por supuesto, la miseria seguía:
en esa época estaban muy de moda unas sandalias negras que obviamente no
podíamos costear.
bueno pues yo tenía la versión de foamy y tenían unas franjas blancas a
los costados que no me terminaban de convencer, así que se me hizo fácil
pintarlas con sharpie, qué podría ser lo peor que pudiera pasar. cuando
me metí a la alberca las dejé en la orilla y CLARO QUE LOS QUÍMICOS DEL
AGUA LAS IBAN A DESPINTAR, entonces y. se dio cuenta y las hizo para el
pastito, daba igual que se despintaran, tenía solución, lo que estuvo
muy mal fue que y. gritara que así tenía unas SU SIRVIENTA, en el tono
más déspota que le pudiese salir por la boca a una cría de una década de
vida. luego no me acuerdo si fue esa misma vez u otra de tantas, que me
daba pena levantar los brazos porque mi pendejo cuerpo empezó a
desarrollarse a los 8–9 años y ya tenía pelos, y si ese escándalo se
había hecho por una chancla, no quería ni pensar lo que las axilas
peludas provocarían. el papá de y. me daba miedo, sentía un aura de
señor lujurioso emanando. no conforme con ser humillada por mi “amiga”,
un fin de semana coincidimos con sus vecinas que tenían fama de ser
niñas problema, de esas que rompen, escupen y patean a la menor
provocación. pues ahí voy a comprobarlo y en un ataque de nosequé, la
escuincla me aventó una chancla en la cara. pero dios da y dios quita
porque salimos a caminar y allá todas las casas están conectadas por el
patio trasero, y todas tienen alberca. pues yo no sé qué pensó la
escuincla que se metió a una alberca que estaba cubierta con la
protección de plástico para las hojas y claro que se hundió y ya no
podía salir y la jalamos y ahí vamos de regreso a la casa todas
empapadas para guardar el secreto de que casi muere. en otra ocasión lo
único que recuerdo es que estábamos tomando leche de chocolate de
alpura, y los papás de y. nos dijeron que los vecinos tenían carne
asada, que fuéramos. no quisimos porque ya estábamos muy llenas y mejor
nos quedamos a ver la nada porque ni señal de tv había. en la noche, me
dio un dolor de estómago que no se parecía a nada que hubiese sentido.
no se me quitaba y asustada decidí tocarle a sus papás para que me
ayudaran. de repente me dio vómito (siempre he tenido emetofobia) y
apenas alcancé a llegar al retrete. no le atiné bien y toda débil y
temblorosa, pero más apenada, le dije que yo limpiaba y hasta que no
quedó rastro, me fui a descansar. ahhh además no había agua y ahí está
el papá de y. acarreando cubetas de la alberca, y en un afán de calmarme
me acuerdo que me dijo: “no te preocupes, afuera hay toda una alberca
para toda el agua que necesites” y eso me angustió más. me dieron un té y
la mamá de y. me dijo que si me sentía bien o que me regresara al baño,
porque estábamos en la mesa y tenía un mantel que le gustaba mucho que
era tejido en ganchillo o algo. yo bien segura de mí misma dije que no
había problema, y desde ahí aprendí a no confiar en las funciones
autónomas corporales porque claro que volví a vomitar (ya era pura agua)
encima del mantel, jajajaja. luego no sé qué pedo que y. se enojó un
buen de que me enfermara y ya no me hablaba, fue bien incómodo. a la
noche siguiente a ella también le dio vómito así que decidimos regresar a
la ciudad. bueno pues como no preví que necesitaría una chamarra porque
para qué si allá hace mucho calor, no llevaba y en la carretera me iba
congelando, me regresé en short y cabe mencionar que en esa época e
incluso hasta el 2009 no aceptaba mi cuerpo y jamás jamás jamás usaba
short ni falda ni blusas sin mangas, y pues así venía, congelada e
insegura de mis patas. ah y el último recuerdo horrible fue que había
una feria y es bien sabido que soy cobarde para que me anden
centrifugando, entonces me tuvieron que obligar a subirme a un barco de
esos que dan de vueltas y además de que fue la peor sensación, sentía la
electricidad en los pies, (gracias chanclas de foamy) a ver a qué hora
me daba una descarga y por fin terminaba ese ciclo de desgracias.

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