11.7.11

Fran cuando quería echaba a correr y yo no podía seguirle. Veía cómo se alejaba cada vez más y me entraban ganas de morirme, por eso me tiraba siempre al suelo y me ponía a gritar como si me hubiese roto una pierna, para que Fran diese media vuelta y me cogiese de la mano. Si corría otra vez deprisa se me escapaba la mano y no tenía más remedio que volverme a tirar por el suelo.

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